Un trío en el jacuzzi con Carles y Pol

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trio en el jacuzzi con dos hombres

Cuando menos te lo esperas te puedes montar un trío sin quererlo ni beberlo

Necesitaba desconectar y recordé que Miguel me había regalado por mi cumpleaños un spa en el centro de Barcelona. Era el lugar perfecto para perderme e intentar relajarme. El ascenso en mi compañía me estaba costando la salud.

Hacía meses que no me mimaba y mis amigos estaban empezando a cansarse de mí. Mi último rollo me había abandonado alegando que siempre le decía que no. Era una pena porque qué buenos momentos me daba…

Cogí el primer bikini que encontré en el armario y busqué la dirección del spa, quedaba a 30 minutos de mi casa en coche. Llamé un taxi por eso de darme un capricho, si me habían ascendido y estaba sacrificando mi vida personal… Por lo menos darme un gustazo.

Cuando llegué al sitio aluciné, nada tenía que envidiar a los sitios de moda donde recientemente me había mandado mi empresa en el corazón de Manhattan: gente guapa, amable y un hombre con la mejor de sus sonrisas me estaba esperando con el albornoz más suave del mundo.

– Se te ha caducado el regalo pero por esta vez haré la vista gorda mientras me guiñaba el ojo

¡Cuánta amabiliadad! Y pensar que ya había pasado más de 6 meses desde que Miguel me lo regaló. Qué desastre que soy.

Entré a los vestuarios. ¡Qué tipazos tenían las tías! ¿Se pasaban el día en el gimnasio? ¿No trabajaban? Me albergaban miles de dudas. ¿Por qué todas estaban buenas y me hacían sentir pequeñita, gorda y fea? No sé si era cosa de ellas… O mía. Seguramente era de esos temas que me tenía que hacer mirar. Lo apuntaría al listado de cosas por hacer ☺

Como estaba harta de ver cuerpazos por todas partes y cada vez me daba más bajón, decidí dar una vuelta por el recinto. Era maravilloso. No sé el dineral que se habría gastado Miguel en esa tarde de relax en mí.

Mucho lujo pero todos los ejecutivos de Barcelona habíamos decidido ir el mismo día a disfrutar de lo mismo. Se suponía que iba a descansar pero eso parecía que era misión imposible.

La zona de chorros de agua, la piscina climatizada, la zona de duchas, la sauna… Parecía que estaría más relajada en mi casa.

Leí una opinión muy buena del sitio en Internet en la que hablaba de la zona del jacuzzi. A ver si corría más suerte. ¡Eureka!

Cava para todos

Era un jazuzzi repleto de plantas salvajes, lo más parecido a estar en la selva. Discreto y podías meter una consumición. Me pedí un cava, que solo se vive una vez.
El agua a la temperatura perfecta y de fondo jazz rollo ibicenco. Era feliz.
Cuando ya llevaba más de media botella de cava, aparecieron ellos; Carles y Pol. Dos cuerpos esculturales y una sonrisa de esas que te enamoran desde el primer momento.
Pidieron permiso para entrar y quién era yo para negarlo. Me vine arriba, benditas burbujas desinhibidoras.

Se pusieron en frente de mí y comenzaron a hacerme preguntas, me contaron que eran socios de no se qué empresa de nuevas tecnologías y que una vez a la semana se relajaban en ese jacuzzi. Nos caímos bien, nos acabamos mi botella de cava y me invitaron a otra. La tarde prometía. Más que relajarme… Me lo estaba pasando genial. Ellos iban cogiendo confianza hasta ponerse uno a cada lado. No recordaba la última vez que me reía así. Estaba en mi salsa.

trio en el jacuzzi
No sé cómo pasó pero mientras bromeábamos y charlábamos Carles me empezó a besar el cuello y de vez en cuando me mordisqueaba la oreja, me estaba poniendo a mil. Pol ni corto ni perezoso comenzó a jugar con mis tetas sin quitarme el bikini. Primero mordisqueaba el pezón derecho, y luego el izquierdo.

Bye bye miedos

Por un lado sentía un miedo atroz a que nos pillaran pero por otro la idea de lo que estaba sucediendo me estaba excitando muchísimo.
Me retorcía de excitación mientras notaba que estaba lubricando muchísimo. Carles estaba bajando con sus dedos hacia mi vulva mientras Pol al oído no dejaba de susurrarme cosas:

¿Te está gustando nena?
Tú pide por esa boquita.
Queremos verte gozar.
¿Quieres sentirnos más cerca?

Oía esas frases ralentizadas en mi cabeza. ¿Era el cava? ¿Era yo? ¿Era el tiempo que hacía que no tenía relaciones sexuales? ¿Era un regalo de mi amigo Miguel?
Por mi mente no cesaban de pasar fantasías. ¡Lo quería todo con ellos!

Carles comenzó metiéndome un dedo en la vagina, luego dos y luego me puso de pie. En frente había un espejo. Me excitaba vernos a los 3 reflejados. ¿Qué no habría visto ya el espejo?

Pol dejó de mordisquearme las tetas y comenzó a hacerse una paja salvaje mientras llenaba de saliva su mano y frotaba arriba y abajo su miembro. Mientras Carles seguía metiéndome los dos dedos en la vagina y dándome una lección magistral del punto G, con la otra mano se estaba masturbando.

Sin pensárselo dos veces, Pol con la mano derecha separó los mofletes de mi culete y me dijo:
¿Me das permiso querida?
Por favor… Le contesté.

Probando cosas nuevas

Empezó a penetrarme por el culo, era mi primer anal y me estaba flipando. ¡La que estábamos liando en el jacuzzi! Me empezó a follar con mucha dulzura, muy despacio, me estaba poniendo como una perra en celo. Intentaba aguantar y no podía retener tanto placer. Eso del culo y los dedos de Carles me hacían sentirme en el paraíso. Todos nos movíamos al mismo tiempo.

De repente Pol se empezó a correr dentro de mí y yo pensé que me meaba cuando de repente descubrí lo que era el famoso squirt. Mientras Carles me introducía los dedos como un loco empecé a gemir de placer y Carles empezó a eyacular sobre mí. ¡Nos corrimos los 3 al tiempo! Fue uno de los mejores momento de mi vida.

Me dieron su tarjeta y me comentaron que tenían un ático en Barcelona maravilloso y que quizá podríamos pasar un buen rato los tres…

¿Qué hago?

Susu Pétalos

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